lunes, 14 de marzo de 2011
Cartas desde un campamento guerrero -Cap.1-
-Debería pedir clemencia ahora que mi vida subyuga entre estas paredes de alabastro y vuestra afilada hoja. Porque ahora mi carne será atravesada y la piedad no se conmoverá al escuchar a mi corazón corrompido; ni la piedad ni el paraíso me esperan después de que pase esta noche de lobos hambrientos y campesinos huérfanos, y las trompetas del juicio final esperarán hasta el momento de tocar para ponerle fin a mi batalla eterna en busca de un camino fácil que no es sin embargo correcto. Cuando la sangre deje de recorrer mis venas y el filo brille al otro lado de mi cuerpo me aguardarán las ascuas en los ojos de aquellos que ajusticié a la ligera con mi mano, y cabalgarán sobre mis huesos hasta astillarlos. Más recuerda. Mi mente está igual de afilada. Esta noche, cuando hayas caído rendido por la celebración regresará mi fantasma del pestilente infierno para presentarse ante ti en sueños. Te atormentará cada vez que pliegues los párpados con la visión de las lanzas del averno atravesando mi garganta y los perros de los errantes comiéndose mis carnes crudas mientras sigo agonizando noche tras noche por un solo minuto de sosiego en una eternidad de calamidades. Mátame ahora y cumple con tu deber, y después acuérdate de que ante los jueces del más allá mis pavorosos crímenes de guerra y este asesinato que vas a cometer no se distinguirán de origen, y serás tan despreciable asesino como yo.
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